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 Hotel Alfonso VIII ***
Hotel Alfonso VIII
Cuenca, Cuenca
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Hotel Alfonso VIII

EL HOTEL ALFONSO VIII, ENTRE EL RECUERDO DE LA HISTORIA Y LA MODERNIDAD COMO EJEMPLO

Decía el cronista Maese Giraldo que el rey Alfonso VIII rindió Cuenca al dominio musulmán con la elegancia de un rey moderno por allá, en aquel año de 1177. Y nos seguía informando en ese afán de resaltar este hecho, el que su esposa Doña Leonor de Inglaterra nos hubiese inculcado a los castellanos la capacidad de innovar en el arte de la construcción -gótico como novedad- y en el arte literario como condición al imponer la poesía provenzal y trovadoresca. Un hito, sin duda, que la ciudad de Cuenca, una de las más bellas de la Edad Media, hubiese servido de hogar y trono a un rey como Alfonso VIII, el más afamado reconquistador, y a una reina que quiso dejar la huella de su estilo en nuestra catedral y el fruto de su amor en el nacimiento de su hijo Fernando, heredero al trono castellano y desgraciadamente fallecido en su tierna juventud.

Mi amigo Paulo Coelho, con el que hago aforismos para recrear el espíritu, me dijo que "el ser humano no fue hecho sólo para buscar la sabiduría, sino también para arar la tierra, esperar la lluvia, plantar el trigo, recoger el grano y hacer pan", y tal cual queda dicho, uno piensa como una ciudad, la de Cuenca, bella en todo su concepción, tanto natural como urbana, llena de contrastes extraordinarios donde la historia se mezcla con la sencillez de sus gentes y el impulso de una devoción hacia el arte, la tradición y el costumbrismo, mantiene ese espíritu por ser fiel al tiempo y abanderar un futuro de calidad turística para que todos podamos revelar sus maravillas y los que nos visitan puedan comprobarlo en su esencia.

Ahora, un Hotel que se enorgullece de portar el nombre del mismo rey hacedor de esta historia, un Hotel innovador en su ofrecimiento y en su esencia culinaria desde la terraza más turística de la ciudad, un Hotel que ha sabido condicionar su evolución hacia la modernidad de unas vanguardias que nos condicionan hacia ese turismo de calidad, ha sabido recoger el testigo de aquel inicio que, como acontecimiento nacional, sirvió de claro ejemplo de futuro.

En mi mente, aquellas noticias del desaparecido Diario de Cuenca, cuando siendo periódico provincial del Movimiento, un domingo 31 de marzo de 1963, en su número 4.698, titulaba en portada "Fue bendecido e inaugurado el nuevo Hotel Alfonso VIII". Y aún así, las noticias del momento subtitulaban que "Viene a satisfacer una de las imperiosas necesidades que Cuenca tiene para el desarrollo turístico". Y así había sido, un día antes de darse la noticia, sábado 30 de marzo de 1963, era bendecido el Hotel y al día siguiente, domingo 31, se inauguraban y bendecían los nuevos locales de la Caja Provincial de Ahorros de Cuenca, promotora del acontecimiento. Era Director de la entidad bancaria, D. Antonio Caraballo Catalán, obispo de la Diócesis de Cuenca D. Inocencio Rodríguez, alcalde de la capital D. Rodrigo Lozano, gobernador civil D. Mariano Nicolás y gobernador militar D. Ángel Bueno. Un acto nacional al que asistieron directores generales nacionales de Promoción del Turismo, Política interior, Administración Local y Bellas Artes, así como destacadas personalidades del mundo de la cultura y de la sociedad.

La Caja Provincial de Ahorros de Cuenca, en su nuevo edificio del parque de San Julián, tal como hemos dicho, fue la promotora de esta iniciativa y la cadena de hoteles Melía con su director general D. José Melía el impulsor de llevar a cabo esta apuesta que convocó a las más importantes autoridades nacionales del sector hostelero y de turismo. Según la noticia que el Día de Cuenca expresaba, al lado de una fotografía de Pascual, el citado hotel disponía de las instalaciones más modernas que en ese momento podían implantarse afirmando el periodista que "Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores y más completos hoteles de España".

No todos pueden ver los sueños de la misma manera, pero cierto es, que la actual directiva de este Hotel, situado en todo el centro de la ciudad conquense, al lado de todos los servicios al ciudadano, en un entorno donde el parque de San Julián -centro neurálgico de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad- sirve de trampolín hacia su Casco Histórico -renombrado y único-, ha sido capaz de reconvertir en modernas instalaciones con las calidades más actuales ese emblemático Hotel que sirvió para abrir Cuenca al desarrollo turístico hacia el mundo, sin olvidar que aquellas palabras en su inauguración del Director General de Promoción del Turismo el señor Arrespacocha, en nombre el propio ministro, fueron esa premonición de futuro al decir que "este Hotel llegaría a ser motivación para el resurgir de otras empresas y comercios como modelo de reactivación de una ciudad necesitada de ello."

La libertad es sentir lo que el corazón desea, independientemente de la opinión de los otros y tal cual con este aforismo quisiera terminar mi alegato narrativo para recomponer que en todas las sociedades modernas y liberales del mundo, la iniciativa privada ha de servir para promover el desarrollo de nuestra calidad de vida, en un mundo globalizado -nos guste o no- donde la empresa ha de revitalizar ese deseo de progreso. Por esa y no otra razón, este Hotel Alfonso VIII nació, ha crecido y sigue superándose en ese alegato fundamental de que crecer es vivir porque Cuenca, ciudad del mundo, patrimonio universal que cumplió XX años el pasado 2016 lo necesita y lo agradece. Vaya pues, para su dirección y gestión, mi felicitación como Cronista Oficial de esta ciudad, a la que intento promover en su grandeza histórica y social, por seguir creyendo en el desarrollo -en este caso hostelero- como base de futuro.


Miguel Romero Saiz
Historiador y Cronista oficial